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lunes, 17 de julio de 2017

MENSAJE MARIANO


Mensaje mariano



Santa Teresa de Ávila, dio una certera definición de humildad, quizá la mejor que existe: “Una vez estaba yo meditando por qué razón Jesús nuestro Señor era tan amigo de la humildad, y con toda claridad comprendí esto: la ama tanto porque Dios es la suma Verdad, y la humildad es caminar en la verdad”.

Queridos hijos: hoy vuestra Madre desea hablaros de la humildad. Humildad es todo lo que debéis desear para agradar a vuestro Dios. Humildad es reconoceros hombres pecadores y limitados, y saber ver que los dones que tenéis encuentran su explicación en Dios. Pequeños míos, sabed que lo que permanece a lo largo del tiempo es la belleza del alma. De lo contrario, ¿qué ofreceréis a vuestro Dios? Os serán vanos los títulos, las riquezas, los renombres, si no habéis sido sencillos y habéis aprendido a ver la mano de Dios en todo. Cambiad, buscad siempre la humildad, sobre todo la humildad de espíritu, pues ningún acto es valedero si está viciado de gloria personal.

Nuestra verdad nos debe llevar a un sincero reconocimiento de nuestras virtudes y defectos, capacidades y limitaciones. Nuestra verdad nos hará ver que lo que tenemos lo hemos recibido de la bondad de Dios, y no simplemente porque “hemos estudiado o trabajado mucho”. Recuerda que el Padre revela sus misterios a los humildes y pequeños.


* Enviado por el P. Natalio

martes, 4 de julio de 2017

5 FUNDAMENTOS BÍBLICOS DEL POR QUÉ VENERAMOS A MARÍA


5 fundamentos bíblicos del por qué veneramos a María
Los cristianos no estamos huérfanos, tenemos a María como nuestra madre


Por: P. Samuel Bonilla | Fuente: PadreSam.com 




Jn 19,26-27. El deseo de un moribundo.

“Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.». Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.” 

Una de las cosas más sagradas que existen es el deseo de un moribundo, es un deseo que se debe cumplir tal como lo pidió la persona que estaba a punto de fallecer. Pues bien, el último deseo de Jesús lo expresó en esta cita: “Ahí tienes a tu madre”. Y dicho regalo se lo dejó “al discípulo amado”. Esto nos hace concluir que el “verdadero discípulo” es aquel que recibe a María en su casa, así como Jesús deseó.

Lc 1, 26-28. El saludo “del Ángel”.

“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, .a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»” 



Estas palabras las dice el ángel Gabriel, pero recordemos que un ángel es un mensajero de Dios, es decir, lo que hace es transmitir lo que aquella persona emisora le dice que transmita a la receptora; por lo tanto, el saludo es de Dios, no del ángel; es decir, que el primero que la bendijo y el primero que la alabó fue el mismo Dios a través de este mensajero (el ángel): “llena eres de gracia”.

Lc 1,41. El saludo de María

“Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo”.

El hijo al que se refiere la cita bíblica es Juan El Bautista. De él se había anunciado: que iba a ser grande, que anunciaría al mesías y que estaría lleno del espíritu santo. Pues bien, sucede que este llenarse del espíritu santo se da cuando María saluda a Isabel. Dice el versículo: el niño saltó de gozo en su vientre e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. La presencia de María y su saludo les llevan el Espíritu Santo a Isabel y Juan el Bautista (casi lo mismo sucede con los discípulos en Pentecostés).

Lc 1,42. El Ave María.

 “y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno;” 

 ¿A qué te suena esta frase? ¡Es el Ave María! La primera que rezó el rosario (que es venerar a María) fue Isabel, y quién impulsó a bendecir a María fue el Espíritu Santo. Muy bien podemos afirmar entonces que quien ataca a María, está atacando al Espíritu Santo, pues fue él, el que movió a Isabel a alabar y a venerar a María por primera vez en la historia.

Otro detalle interesante es que la primera alabanza se hace a María (“bendita tú”) y después es al fruto de su vientre (Jesús). Es el Espíritu Santo el que mueve a Isabel a reconocer la grandeza de esta mujer. Los que insultan a María, insultan lo que Jesús alabó y lo que el Espíritu inspiró a Isabel.

Lc 1,48. Bienaventurada

 “porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada”.

“El Magníficat” es uno de los cánticos más famosos, María lo hace después de su encuentro con su prima Isabel. En el encontramos como la “biografía” de María, y una de las palabras claves es la profecía que María hace de sí misma: “desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada”. Cumplir con la palabra de Dios, es llamar a María “bienaventurada”.


Por todo lo dicho anteriormente, no tengamos miedo de alabar a María, de rezar el rosario, de venerar a María, pues el primero que la alabó fue Dios; después lo hizo Isabel, después muchos otros… cumpliendo esa profecía de Lc 1, 48.

María fue uno de los regalos más queridos y especiales de parte de Jesús, uno de sus últimos deseos. Como diría el papa Francisco: “los cristianos no estamos huérfanos, tenemos a María como nuestra madre”; venerarla, alabarla, no es quitarle espacio a Dios, pues al acercarnos a María, lo único que hace es reconducirnos a Jesús (“hagan lo que Él les diga”).

No temas llevarte a María a tu casa, no temas tener a María como tu madre o intercesora. Ella es uno de los más preciados regalos que nos dejó el mismo Dios.

martes, 9 de mayo de 2017

QUÉ SE DICE DE MARÍA EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS?


¿Qué se dice de María en las Sagradas Escrituras? 
María Sagradas Escrituras.Vida


Lo que se dice de María en el Antiguo y en el Nuevo Testamento.


Por: Enciclopedia Católica | Fuente: www.enciclopediacatolica.com 




¿Qué se dice de María en las Sagradas Escrituras? ¿En el Antiguo Testamento ¿En los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles? ¿Después de Pentecostés? ¿Qué documentos de los primeros cristianos encontramos acerca de la figura de María?...


jueves, 4 de mayo de 2017

POR QUÉ EL DEMONIO ODIO TANTO A LA VIRGEN MARÍA?


¿Por qué el demonio odia tanto a María y por qué tú deberías amarla?
Porque él aborrece el hecho de que su derrota final vendrá de la mano de una sierva humilde


Por: Sam Guzman | Fuente: CatholicGentleman.net // PildorasDeFe.net 




Satanás odia a la Santísima Virgen María. De hecho, ha estado haciendo todo lo que está en su poder para desmotivar la devoción hacia ella e inculcar odio hacia ella durante dos milenios. ¿Te has dado cuenta que son los dogmas Marianos y las devociones a la Virgen las que despiertan las más fuertes reacciones en aquellos que rechazan a la Iglesia? Incluso algunos buenos católicos se avergüenzan de la devoción a Nuestra Señora, y sienten que no deberíamos ser tan extremos en nuestra veneración a ella.

Tal vez, te has preguntado porque la Iglesia tiene en tal alta estima a la Inmaculada Virgen María. Tal vez, te has preguntado porque Dios ha escogido servirse de ella en la obra redentora. Hoy, me gustaría echar una mirada al porque el diablo odia tanto a nuestra Santísima Madre, y porque nosotros deberíamos ser sus fieles siervos.

Ella aplastará su cabeza

El escenario es el jardín del Edén. Los personajes son Dios, la serpiente, Adán y Eva. El diablo se regodea en su triunfo. Acaba de engañar a Eva, y a través de ella, a Adán. Que orgulloso está de sí mismo. Casi puedes sentir su orgullo demoniaco en la destrucción, ya que ha podido malograr la obra de la mano creadora de Dios, y arrastrar a los seres humanos - por quien Dios tiene un amor especial - a la muerte y la miseria.

Dios aparece en la escena a limpiar el desorden, declarando la trágica maldición que arrastra el pecado, pero también para proclamar el proto evangelio, un primer vistazo al Evangelio y la condena del diablo.



Dios comienza por dirigirse a Satanás, diciendo que se arrastrará en el suelo por el resto de sus días. Luego revela algo que hace que Satanás tiemble de horror: su derrota final vendrá de las manos de una mujer.

"Haré que tú y la mujer sean enemigas, lo mismo que tu descendencia y su descendencia. Su descendencia te aplastará la cabeza, y tú le morderás el talón". (Génesis 3,16)

Ahora los académicos argumentan acerca de si el pronombre en la frase es o no masculino, "Su descendencia te aplastara la cabeza" - eso es si se refiere a la Virgen María o a Jesucristo. Pero voy a contarles un pequeño secreto: eso no importa. Verán, Jesús aplastará la cabeza de Satanás a través de María. Ella es el instrumento que Jesús utilizará cuando destruya a su antiguo enemigo.

Con eso en mente, es totalmente legítimo decir “Él aplastará tu cabeza” tanto como es decir “Ella aplastará tu cabeza”. Es casi como decirle a un asaltante armado, “Un paso más y te disparo” y “Un paso más y mi magnum .44 te volará la cabeza”. Ambas afirmaciones son verdaderas.

Entonces, ¿Por qué le duele tanto al diablo que María sea quien lo derrote? ¿Porque Dios quiso utilizar a María para derrotar a Satanás? Ahora lo explico.

Derriba del trono a los poderosos

El diablo odia, y me refiero a que él aborrece el hecho de que su derrota final vendrá de la mano de una sierva humilde. De alguna forma, su corazón orgulloso puede manejar el ser derrotado por Dios porque sabe que es Todopoderoso y Omnipotente. ¿Pero ser destrozado por una pequeña Dama de Nazaret? La idea es sencillamente humillante. Eso lo vuelve loco. Porque si hay algo que la creatura más orgullosa de toda la creación odia, es ser humillada.

Satanás encuentra que su derrota a manos de la Virgen María es tan humillante porque ella es mujer, y las mujeres son el sexo débil (1 Pedro 3,7), y él desprecia a los débiles. Él de verdad disfruta ver a las mujeres siendo abusadas, degradadas y siendo vista como objetos. Eso sin mencionar que nuestra Bendita Señora es humana, y Satanás odia a los humanos porque tenemos cuerpos y él es puro espíritu, que desprecia los cuerpos. Pero hay otra muy profunda razón por la que Satanás odia ser derrotado por la Virgen María: Ella es su reemplazo en el cielo.

Verás, Lucifer fue originalmente la mejor creación de Dios. Él era más hermoso, más poderoso que todas las otras creaturas que Dios había hecho. Y como todos sabemos, se le subió a la cabeza. Él era tan hermoso, tan poderoso que realmente creía que podía ser mejor que Dios. Las marcas indelebles de Satanás son el orgullo y la envidia del Todopoderoso.

¿Y cuáles son las características que definen a nuestra Señora? Primero y principalmente, ella es supremamente humilde. De hecho, ella es la más humilde creatura que ha existido. Por cada onza de orgullo que el diablo tiene, María tiene el doble de humildad. Por cada gota llena de odio y amargura en el corazón negro de Satanás, el Corazón de María está llena del doble de alabanza, adoración y amor. Por cada parte de la depravada, pervertida y deformada alma del diablo, el Corazón de María está lleno de pureza y fecundidad. Y por gracia, Dios ha hecho de ella la más exquisita y más gloriosa creatura en el universo, el título que el diablo solía reclamar para sí.

En todas las formas, la Inmaculada es totalmente opuesta a Satanás. En cada forma, ella es su reemplazo en el Cielo, y él lo sabe. Este Divino intercambio de Satanás por María se revela en el himno de nuestra Señora, el Magníficat:

"Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: Su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre".

En el Magníficat, vemos el rol de María en la salvación resumida bellamente:

La humildad de María “Porque ha mirado la humillación de su esclava.
El maravilloso trabajo de la gracia de Dios en ella: “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí”
Dios reprendiendo a Satanás “dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos”
Su colocación de María en el lugar de Satanás:” y enaltece a los humildes”
Lo peor de todo para Satanás, su reemplazo en el cielo no es otra que la Madre de la Palabra viva, Jesucristo, cuya pasión y muerte redimió a toda la humanidad a la que él ha tratado tanto de destruir. Su «SÍ» a Dios deshizo la desobediencia de Eva, labrando del camino para la obra salvadora del nuevo Adán. La misma debilidad de Eva que Satanás instigó, fue reemplazada por la debilidad de la obediencia de María, una obediencia a la voluntad de Dios que la ha hecho poderosa más allá de cualquier límite. Este es el plan Divino para la derrota del enemigo. Esta es la humillación y condena de Satanás.

Hasta la vista Satanás

Tal vez no lo sepas, pero Satanás te odia. Su amarga envidia lo lleva a querer destruir la obra de Dios y arrastrarla al abismo del infierno. A él no le gustaría nada más que tú - hecho a imagen de Dios - lo acompañaras en las llamas eternas de un lago de fuego, porque a la miseria le gusta la compañía.

Pero no temas. La antigua serpiente no tiene poder contra la Inmaculada Virgen, porque en el plan de Dios, ella es el instrumento que Jesús utilizó para humillar y destruirlo. ¿Quieres aplastar la cabeza del diablo en tu vida? ¿Quieres pasar con seguridad a través de las pruebas, tentaciones y tormentas hacia tu hogar eterno? La respuesta es simple, recurre a María. Ámala, sé su devota servidora. Se su siervo, su defensor, su apóstol. Consagra tu ser total y completamente porque nada de lo que le pertenezca se verá perdido. Como San Juan Damasceno dijo de forma tan hermosa:

"Ser devoto a la, Santísima Virgen María, es un brazo de salvación que Dios nos entrega a aquellos a los que Él quiere salvar".

Satanás esta todo alborotado, haciendo todo lo que puede porque sabe que su tiempo se acaba. Está asustado y enojado, porque sabe que un día muy pronto, él será aplastado por la Mujer que hace que su corazón tiemble, la mujer que "¿Quién es ésta que se asoma como el alba, Hermosa como la luna llena, Refulgente como el sol, Imponente como escuadrones abanderados?" (Cantares 6:10).

Oración

Majestuosa Reina del Cielo y Reina de los Ángeles, recibiste de Dios el poder y la comisión de aplastar la cabeza de Satanás; por lo cual humildemente te suplicamos, enviar a las legiones de los cielos, que, bajo tu mandato, puedan expulsar a los espíritus malignos, e involucrarlos en todas partes en la batalla, frenar su insolencia, y lanzar de nuevo en el abismo del infierno. "¿Quién como Dios?" Oh buena y tierna Madre, has de ser siempre nuestra esperanza y el objeto de nuestro amor.

Oh Madre de Dios, envía los santos ángeles para defenderme y conducir lejos de mí al cruel enemigo. Santos Ángeles y Arcángeles, defiéndenos y guárdanos. Amén

sábado, 1 de abril de 2017

MARÍA NOS ILUMINA EL CAMINO PARA LLEGAR A JESÚS


MARÍA NOS ILUMINA EL CAMINO PARA LLEGAR A JESÚS


Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant



1º PARTE: LA DISPOSICIÓN ESPIRITUAL DE MARÍA

Decimos con gran cariño, la Santísima Virgen María, y es porque es nuestra primera y gran santa y tenemos gran necesidad de contemplarla, porque a través de ella y de forma muy autentica, nos acercamos más a Jesucristo. Ella es iluminación en el camino a su Hijo,  seguir los pasos de María, es llegar a Jesucristo y a través de El al Padre.

Para ir descubriendo la hermosa santidad de María, debemos primero adentrarnos en la Palabra, en esta encontraremos mucho más de todo lo que literariamente se puede decir, por ese motivo, a través de los relatos de san Lucas y de san Juan, nos iremos dando cuenta de cómo era ella, y porque es santa.

San Lucas, nos presenta a la joven María, en el momento que el Verbo, comienza a estar entre nosotros para cumplir su misión salvadora. María, madre de Jesús, vivió y participo del misterio de su Hijo, ella fue un alma unida a Jesús y quien vive unido al Hijo vive también con el Padre. María convivió muchas experiencias junto a Jesús, la experiencia pascual que su hijo iba realizando, para que nosotros nos salváramos. Así María, es una mujer espiritual, no podía ser de otro modo, ya que fue el reflejo de la espiritualidad de su hijo.

María, joven sencilla, sus palabras demuestran que tiene ingenuidad, sinceridad e inocencia, no conoce la malicia, en plena anunciación, ella le dice al Ángel, ¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?, habrá pensado como es posible, esto sin conocer varón. --- san Lucas 1,34 ---  Ella no esta objetando el hecho de ser virgen, sino que esta preguntando algo de mucha importancia, porque esta participando en la historia de la salvación. La conversación debe haber sido muy suave, el Ángel le dice: Para Dios, nada es imposible, --- san Lucas1,37 ---. Esto, porque el acontecimiento que nos trae la salvación, es por una manifestación de Dios.

Tenemos a veces la tendencia a pensar en una María tranquila y pasiva, quitada de bulla, semi oculta de la sociedad donde vivía, pero no era así. María sabía que para agradar a Dios, era necesario una vida ejemplar, pero eso no significa que no tuviera ella una visión profética, una visión salvadora, como lo demuestra en el Magníficat, fragmento del evangelio, que nos presenta el cántico de María, el que      responde a una explosión de júbilo en Dios, incubada desde que se había realizado en ella el misterio de la encarnación. “El himno de María no es ni una respuesta a Isabel ni propiamente una plegaria a Dios; es una elevación y un éxtasis” y una profecía. María con su cántico se hace totalmente disponible a la gracia, mostrándonos cuan grande es el deseo de vivir para la santificación de los hombres.

María estaba siempre junto a su niño,  que crecía y se desarrollaba lleno de sabiduría, y la gracia de Dios permanecía con él. --- San Lucas, 2,40 ---. Podemos imaginar el gran amor y el tierno cuidado por su hijo, ella que le había dicho al Ángel antes que se fuera: ---Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho---. San Lucas 1,38

San Juan, no muestra a la Virgen María, a través de Jesús, quien hablándole a sus discípulos antes de la partida, les dice un ejemplo: La mujer se siente afligida cuando está para dar a luz, porque le llega la hora del dolor. Pero después que ha nacido la criatura, se olvida de las angustias por su alegría tan grande; piensen: ¡un ser humano ha venido al mundo! --- San Juan 16,21---, con lo que nos muestra como el estaba empapado del amor de su Madre. En las últimas palabras de Jesús en la cruz, dice ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: --- Mujer, ahí tienes a tu hijo ---. Después dijo al discípulo: --- Ahí tienes a tu madre ---  San Juan 19, 25-27---

María, la buena madre, unida más que nadie a Jesús, --- Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre --- san Juan 19,25 ---,  esta también unida como nadie a nosotros,  como madre de todos los cristianos. María, después de haber sido físicamente la madre de Jesús, ha pasado ahora a ser nuestra madre espiritual.

La santidad de María, concebida inmune del pecado original, de naturaleza humana,  bendecida entre las mujeres, Virgen inmaculada,  pudo hacer una vida distinta, sin embargo ella libremente eligió vivir en plena solidaridad con Jesús.

Aunque los Evangelios, no dedican comentarios sobre la experiencia personal de María en muchas etapas de su vida, con lo poco que hay escrito, sabemos mucho de ella, es así como sabemos de su visita a su prima Isabel, sabemos de los difíciles momentos de duda de José su esposo, el viaje a Belén, el nacimiento de su hijo Jesús, la huída a Egipto, sabemos de sus angustias por la perdida de Jesús en el templo y conocemos de su dolor al ver a su hijo camino a la Cruz, la crucifixión y los últimos instantes de Jesús antes de morir.

María, participo en cada uno de los sucesos relevantes de la vida, de la pasión, de la muerte y de la resurrección de Jesucristo, es decir, participa en su misterio pascual. Si bien es cierto, que con el bautismo recibido de Juan, Jesús abandona la casa familiar a los treinta años, --- Jesús ya había pasado los treinta años de edad cuando comenzó --- San Lucas 3, 23,  María, en el silencio de la buena madre, no abandona nunca espiritualmente a su Hijo, ni el a su Madre, solo la separación que se produce con la muerte de Jesús en la cruz. Y en la cruz, Cristo confía su madre al discípulo predilecto y amado Juan.

La Virgen, ha estado desde su gravidez hasta siempre amando a su Hijo Jesús, quien sabe muy bien quien es su madre la que hace la voluntad de Dios, como dice en san Marcos 3,33-35. Mientras Jesús estaba hablando, una mujer levantó la voz de entre la multitud y le dijo: --- ¡Feliz la que te dio a luz y te crió! ---  y Jesus le replica: --- ¡Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!----. Entonces decimos nosotros, feliz la Virgen María, que hizo la voluntad de Dios. Feliz ella, que en las Bodas de Cana les dice a los sirvientes: --- Hagan lo que él les diga --- san Juan 2, 5, es decir nos pide que nos dejemos hacer por Jesús.

María tiene siempre en su corazón a su Hijo y las cosas de su Hijo, cuando Jesús se perdió en el Templo, María le dijo: Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos, El les contestó: --- ¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre?--- luego Jesús entonces regresó con ellos, llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndoles. Su madre, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón. Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, ante Dios y ante los hombres. --- san Lucas 2, 48-52

María, fue elegida por Dios, para vivir con Jesús y en Jesús el misterio pascual de su Hijo, ella fue absolutamente privilegiada por Dios, para que participara de un modo especial el misterio pascual de Jesús. Ella concibió a Jesús antes "en su espíritu que en su seno". (San Agustín).

Es así como, la espiritualidad de María, se ubica de un modo especial en la maternidad y en la participación de la existencia pascual de Jesús, es así, como ella es para nosotros madre de nuestra vida espiritual. Es decir, vida espiritual que nos empapa del misterio pascual de Jesús, nos hace cambiar, nos transforma y, nos hace unirnos fuertemente, aferrados por el Espíritu de Cristo, nos convierte en dóciles al Señor, nos hace disponible al amor de Jesús.

La disposición de Maria con Dios Padre y con Dios Hijo, es para nosotros sus hijos nuestra meta de vida, porque ella no se dejo guiar por su Espíritu, sino que por el Dios Padre y el del Dios Hijo, con lo cual nos enseña y nos motiva, para que seamos un solo Espíritu con nuestro Señor Jesús, del mismo modo como ella se dejo vivir íntimamente por el misterio pascual del Cristo.

El Espíritu de Jesús que obra dócilmente en María y ella ha vivido una experiencia espiritual caracterizada por el continuo pasar del vivir según la carne al vivir según el espíritu. Ella es la inmaculada María es toda santa. Desde su concepción está inmune de cualquier culpa y recibe la gracia de ser espíritu participando en el misterio pascual de Jesús. De este modo es como, para favorecer la obra del misterio pascual en su ser personal, ella se abandona totalmente al Espíritu. Dijo María: --- Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho ---. Es decir, se muestra totalmente dispuesta a dejarse llevar por el Espíritu, Es en lo interior de su ser donde la Virgen María encuentra verdaderamente a su Dios.

María totalmente dichosa dice: --- Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque se fijó en su humilde esclava ---. San Lucas, 1,46 --  María es un ser humilde ante Dios, y permanece humilde ante Dios Padre, ella esta muy conciente que ante El no vale nada  por si misma y dice -- deshizo a los soberbios y sus planes,  Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes ---. San Lucas 1,53-.  Así es, como María permanece humilde ante Dios y reconoce que todo lo que tenía era un don gratuito. --- El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí: ¡Santo es su Nombre!—San Lucas 1,49.

El Evangelio nos muestra una María afable, agradable, afectuosa y amable en el trato y en la conversación con los demás, así fue ella y así es hoy, ella fue dulcemente amable con el Ángel, con su prima Isabel, con su esposo José, y en especial con su Hijo Jesús. Por eso, deducimos a través de los Evangelios, que su lenguaje es de amor por el Padre, por su Hijo y por todos, con lo cual nos da fuerza que no son creíbles los lenguajes de mensajes odiosos que algunas veces nos pretenden hacer creer falsamente.


2º PARTE: LA VIRTUDES DE MARÍA

La Virgen María, mostró  facilidad y prontitud para conocer y obrar el bien, en ella existió perfectamente la disposición en su alma para conocer la fe, ser mujer de esperanza y de mucha caridad, es decir en ella se engendra fecundamente las virtudes teologales. María se hizo disponible al Espíritu, como humilde sierva de Dios, y para ella, vivir las virtudes teologales significó abandonarse al Espíritu pascual del Señor.

María tuvo fe divina, porque ella es Dios a quien cree y a Dios le muestra fe absoluta, --- hágase en mí tal como has dicho --- San Lucas 1,38 ---, es la fe divina que le viene como un don de Dios. Así es como ella fue capaz de reconocer que es Dios quien hablaba en su corazón. También ella, tuvo una en su vida una cercana experiencia de la virtud de la fe, que se basa y se concentra en entender la capacidad salvadora del misterio pascual de su Hijo Jesús. Ella, por encima de cualquier duda y preocupación por Jesús, que mostraron los amigos íntimos del Señor, atesoro en su corazón sus enseñanzas, que eran buenas y ciertas porque venían de Dios.

María tiene fe y acepta la palabra de su Hijo Jesús, la entiende y confía en ella, conoce que su hijo es honesto y veraz, porque su palabra es verdad absoluta y reconoce en su hijo la autoridad para decirla, --- Hagan lo que él les diga --- san Juan 2, 5.

Cuando María va a visitar a su prima Isabel, ella le responde a su saludo: ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor! --- San Lucas 1,45 --- María cree y acepta con fidelidad a Dios, su vida es un camino de fe, la Anunciación es parte de su caminar y peregrinar de la fe, el nacimiento de su hijo en Belén, su huida al exilio a Egipto, su regreso a Nazaret, y como sugiere el Concilio Vaticano II, "la bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz" (Lumen gentium, 58), allí a los pies de la cruz, es donde María vive íntimamente el misterio pascual de su Hijo. María no solo creyó, sino que supo distinguir cuál era la voluntad de Dios. Por esta fe fue llamada María dichosa por el ángel ---san Lucas, 1,35 ---. Por esa misma fe que Jesús dijo; ¡Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan! --- san Lucas, 11,28 ---.

María también es una mujer de esperanza, es una virtud que ha vivido en ella. La esperanza es una virtud que María lleva en plenitud, y la ha recibido también como la gracia santificante. María siente en sí, la posesión de Dios. María reconoce en la esperanza el deseo de la vida eterna, su alma tiene la perfecta visión de Dios en el cielo. Es por lo tanto operante en su voluntad. La esperanza que nos da la Virgen María, es la que también nos da la confianza de recibir la gracia necesaria para llegar al cielo, ya que ella nos entrega con su experiencia personal los fundamentos de la esperanza que esta en la omnipotencia de Dios, Su bondad y Su fidelidad a Sus promesas. Así es como la Santísima Madre de Dios, nos motiva conocer la virtud de que la esperanza es necesaria para la salvación.

Entonces nuestra amadísima Virgen María, se nos muestra como una mujer de mucha esperanza, pero no como algo personal solo para ella, al contrario, es alguien abierta a la salvación de sus hijos, que en el mundo los hay muy pobres y viviendo en miserias y que gracias a la esperanza que le da la Virgen, reconocen su oportunidad de ser salvados por Jesús.  María se nos muestra enteramente feliz de descubrir a Dios presente en la historia de los hombres, de ahí es su canto jubiloso que proclama en el himno sublime del Magníficat, Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, san Lucas 1, 46.47.

Con mucha justicia, la Virgen María, representa la esperanza de sus hijos, en especial a los que están sometidos por la injusticia, ---Dio un golpe con todo su poder: deshizo a los soberbios y sus planes. San Lucas 1, 51 --, con mucha fe y gran amor acuden a María los marginados, los humildes, y muchas veces explotados, --- Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes, san Lucas 1,52 ---. La Virgen María, es necesidad y esperanza para los más pobres  y que nada tienen, --- Colmó de bienes a los hambrientos, y despidió a los ricos con las manos vacías, san Lucas 1,53 --

Es así como la Madre de Jesús, nos enseña que los actos de esperanza también son necesarios para la salvación y son mandados por Dios a todos los que tienen uso de razón.  Ella nos muestra que debemos confiar que Dios nos da todas las gracias necesarias para servirlo fielmente y nos lleve a la vida eterna.

Entonces, tal como los hizo la Virgen María, debemos colaborar plenamente con El. Aunque la esperanza no nos asegure nuestra fidelidad a Dios, si nos asegura la fidelidad de Dios para con nosotros. El Ideal de Dios, es que sus hijos sean hombres buenos, el ideal de Maria, es que sus hijos sean buenos y vayan por el mundo haciendo el bien, es por eso que ella se interesa que tengamos esperanza, con la cual se evita hacer un mal con el fin de lograr un bien. La Virgen en su sublime canto, nos enseña que debemos confiar en Dios y que El se ocupará de nosotros en todo momento.

Así como María es para todos nosotros un modelo y una mujer ejemplar en la fe y la esperanza, también lo es en la caridad. En María encontramos un modelos de la caridad al mostrarse como una persona que ama a Dios sobre todas las cosas y lo hace por si mismo y sin ningún interés.  El prójimo para María, son los más próximos y estos son sus hijos, y ella ama al prójimo por Dios, en quien cree absolutamente.  ¡Dichosa tú por haber creído! , le responde Isabel, y es por que María se basa en la fe divina. 

Hay personas que sostienen y algo de verdad hay en esos, que los evangelios no hablan mucho de la Madre de Dios, sin embargo con lo poco que se dice, sabemos y sentimos mucho de cómo era ella. San Lucas dice en 2, 22-23: Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor tal como está escrito en la Ley del Señor: María de este modo nos enseña el que el amor personal a Dios exige observar todos los mandamientos, sabiendo que todo lo que el nos manda nace de su amor y todo es bueno.

Así, concluimos como la Virgen María, nos enseña que Dios nos invita a la participación en la vida divina. Su amor quiere levantarnos a una vida digna de los hijos de Dios. María es nuestra gran motivación para abrirnos con el corazón a las virtudes que ella posee, y que a nosotros nos hará muy bien tenerla, la de la fe, esperanza y caridad, y con ellos sepamos erradicar de nuestro modo de ser y de nuestra vida todo lo que nos separa de Dios y nos lleva a perder nuestra relación de amor con su Corazón.

María santísima,  vivió en la fe y de la esperanza, pero por sobre todo de la caridad, por vivir unida al misterio pascual de Jesús, pasó a un amor cada vez más genuinamente caritativo. El amor del Espíritu se hizo en ella hasta tal punto presente, que al final su vida, ella murió de amor. Su misma virginidad no fue otra cosa que amar a Dios en Jesús con un corazón indiviso. Virginidad como experiencia eterna e inmortal de perfecta caridad.

Nosotros, hijos de la buena Madre María, reconocemos en ella una mujer sin mancha, modelo de virtud, y levantamos los ojos hacia ella, la contemplamos y la veneramos y sabemos que participo íntimamente en la historia de la Salvación, y siempre ha estado preocupada de llevarnos a El, hacia su ejemplo de vida y su sacrifico, como también hacia el amor del padre.

Y como mujer amorosa, su lenguaje es suave en nuestros oídos, es de ternura y esperanza, y busca en todas las cosas la divina voluntad de Dios. El interés de María, es siempre el mismo, hacer crecer en nuestros corazones el amor por su hijo, ella en su vida fue ejemplo de afecto materno. Porque María sabe del ideal de Dios que sus hijos sean buenos como lo fue Jesucristo.

Por eso quiero insistir en este segundo capitulo, que el lenguaje de María es de amor por el Padre, por su Hijo y por todos, llenos de fe, esperanza y caridad, fundamentos básicos para no hacer  creíbles los términos de aquellos que viven en la soberbia y buscan hacerla cómplice de mensajes nacido de su creatividad.

María, en todo es amor.


3º PARTE, MARÍA MADRE DE DIOS Y NUESTRA BUENA MADRE

Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.--- San Juan 19, 25-27 ---

El rol de Madre del Salvador, Madre del Redentor y Madre de Dios, comienza a descubrirse ya en el Antiguo Testamento, donde proféticamente es anunciada, como se revela en libro Génesis 3,15. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y su descendencia; ésta te Herirá en la cabeza, y Tú le Herirás en el Talón. María ya era promesa de victoria sobre el mal que hizo caer en el pecado a los primeros padres, Luego también es profetizada en Isaías 7, 14 Por tanto, el mismo Señor os Dará la señal: He Aquí que la virgen Concebirá y Dará a luz un hijo, y Llamará su nombre Emmanuel. Las Sagradas Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, nos, muestran con mucha claridad la figura de la mujer Madre del Redentor. Maria se destaca entre los humildes y pobres del Señor, que de El con confianza esperan y reciben la salvación. Así es, como con ella, excelsa Hija de Sión, tras larga espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos y con ella, se inicia algo nuevo para en los hombres, cuando el Hijo de Dios, asume de ella la naturaleza humana para liberarnos del pecado.

San Agustín escribió: "Si un Dios debe nacer, no puede nacer más que de una virgen; y si una virgen debe engendrar, no puede engendrar más que a un Dios" (De Trinitate 13: PL 18,23).

La Virgen María, fue consignada por Dios desde siempre a ser la Madre de Dios, ella con gran generosidad y como servidora y humilde esclava del Señor, acepta su voluntad. Luego concibe a Jesús, Hijo de Dios encarnado, lo engendra, lo amamanta, lo cuida, le enseña los primeros pasos, lo presenta en el templo, lo lleva a las fiesta religiosas, lo acompaña en su vida y padece junto a El, el dolor de la muerte en la cruz, todo lo que hace ella, lo hace como una buena Madre.

María es verdaderamente la Madre de Dios, porque ella engendro a Jesús y Él es Dios, entonces la Virgen María es Madre de Dios. Ella comienza a ser Madre de Dios cuando el Hijo Eterno quiso entrar en el tiempo y hacerse hombre como nosotros. “Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios Envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la Adopción de hijos”. Gálatas 4:4: Dios se hizo hombre sin dejar de ser Dios, así es como María es madre de Jesús, Dios y hombre verdadero.

El Dios Jesús, quiso tener una madre para acercarse más a nosotros de modo amoroso, El eligió a su madre, escogió a la Santísima Virgen María quién es y será siempre la Madre de Dios. Refiriéndose a Dios, cuando la Virgen María visitó a su prima Isabel, esta, movida por el Espíritu Santo le dijo: ¿De Dónde se me concede esto, que la madre de mi Señor venga a Mí?, --- san Lucas 1, 43 ---, mi Señor, es decir mi Dios.

Nosotros aceptamos dos grandes verdades de nuestra Buena Madre, la primera es que es  verdaderamente madre, porque ella contribuye en todo a la crianza y a la formación de la naturaleza humana de su hijo Jesús, como lo hace toda madre que forma a su hijo que nace de sus entrañas. La segunda, es que María es verdaderamente madre de Dios, como consecuencia de que Ella concibió y dio a luz a la segunda persona de la Trinidad, según la naturaleza humana que El asumió.

El origen Divino de Jesús no le proviene de María. Pero al ser Jesús una persona de naturaleza divina y humana, María es tanto madre del hombre como Madre del Dios. María es Madre de Dios, porque es Madre de Jesús quien es Dios-hombre.

En el Concilio de Efeso, se canonizo el título Theotokos, que significa Madre de Dios. Como sabemos, el título Madre de Dios era utilizado desde las primeras oraciones cristianas. En el Credo de los Apóstoles, profesamos: "Creo en Dios Padre todopoderoso y en Jesucristo su único hijo, nuestro Señor que nació de la Virgen María". Luego En el siglo XIV se introduce en el Ave María la segunda parte donde dice: "Santa María Madre de Dios"

María, que por la gracia de Dios, después de su Hijo, fue exaltada por encima de todos los ángeles y los hombres, en cuanto que es la Santísima Madre de Dios, que tomó parte en los misterios de Cristo, con razón es honrada con especial culto por la Iglesia. En efecto, desde los tiempos más antiguos la Bienaventurada Virgen es honrada con el título de "Madre de Dios", a cuyo amparo los fieles en todos sus peligros y necesidades acuden con sus súplicas. (Lumen Gentium 66)

En el Credo del Pueblo de Dios de Pablo VI se dice; “Creemos que María es la Madre, siempre Virgen, del Verbo Encarnado, nuestro Dios y Salvador Jesucristo”

Decía Juan Pablo II en la Consagración de la Iglesia y el Mundo al Inmaculado Corazón de María: “Recurrimos a tu protección Santa Madre de Dios". Al decir las palabras de esta antífona con la cual la Iglesia de Cristo ha orado por siglos, nos encontramos hoy ante ti, Madre…"Oh Madre de cada individuo y de todos los Pueblos, tu que conoces todos sus sufrimientos y esperanzas, tu que como Madre conoces las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, que aflige al mundo moderno, acepta nuestros clamores, en los que nosotros movidos por el Espíritu Santo dirigimos directamente a tu Corazón….Acoge con el amor de Madre y Sierva del Señor, al genero humano, el que confiamos y consagramos a ti (JP II)

María por ser Madre de Dios transciende en dignidad a todas las criaturas, hombres y ángeles, ya que la dignidad de la criatura está en su cercanía con Dios. Y María es la más cercana a la Trinidad. Madre del Hijo, Hija del Padre y Esposa del Espíritu.

María fue buena Madre y buena esposa y dio ejemplo de vida familiar. En la vida de Madre de María, encontramos momentos de dolor y de gozo, de exilio y de preocupación, de cuidado y de protección de su hijo, de humildad y buena disposición con su esposo san José.

Si hacemos un recorrido por su vida encontraremos que después del regreso de casa de Isabel, "se halló haber concebido María del Espíritu Santo" --- san Mateo 1:18 --- El embarazo de María no podía sorprender a nadie más que al mismo San José. María dejó la solución a esta dificultad en manos de Dios, y Dios informó en su momento al asombrado esposo de la verdadera condición de María. Mientras José "reflexionaba sobre esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir en casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados" –san Mateo 1:20-21---."Al despertar José de su sueño hizo como el ángel del Señor le había mandado, recibiendo en casa a su esposa" --- san Mateo 1:24 ---.

Lucas (2:1-5) explica cómo José y María viajaron desde Nazaret hasta Belén obedeciendo un decreto de César Augusto que ordenaba un empadronamiento general. Estando allí, María da a luz a Nuestro Señor. "Estando allí, se cumplieron los días de su parto" san Lucas 2:6 --- Después de dar a luz a su Hijo, María "le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre" ---  Poco después del nacimiento del niño los pastores, obedientes a la invitación del ángel, llegaron a la gruta "y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre" san Lucas 2:16---.

María como madre siempre se preocupó en todo momento por su Hijo, y cumplía con los ritos y tradiciones de su pueblo, como se ve en la Circuncisión de Nuestro Señor. "Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño, le dieron el nombre de Jesús" ---san Lucas 2:21 ---. Así también en la “Presentación”. Según la ley del Levítico 12:-8, toda madre judía de un varón hebreo tenía que presentarse cuarenta días después de su nacimiento para su purificación legal; según Éxodo 13:2 y Números 18:15, el primogénito tenía que ser presentado en esa misma ocasión. Cualesquiera que fueran las razones que María y el Niño hubieran podido tener para reclamar una excepción, el hecho es que acataron la ley.

Tras la Presentación, la Sagrada Familia volvió directamente a Belén, allí recibió la visita de los Magos. Después de que "los magos de Oriente" hubieron sido guiados hasta Belén por Dios, "entrados en la casa, vieron al Niño con María, su madre, y de hinojos le adoraron, y abriendo sus alforjas, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra" --- san Mateo 2:11 --Poco después de la partida de los magos, José recibió el mensaje del ángel del Señor para que huyera a Egipto con el Niño y su madre, debido a los malvados propósitos de Herodes; "Levantándose de noche, tomó al niño y a la madre y partió para Egipto" --- san Mateo 2:14 ---.

Cuando José recibió por el ángel la noticia de la muerte de Herodes y la orden de volver a la tierra de Israel, él, "levantándose, tomó al niño y a la madre y partió para la tierra de Israel" --- san Mateo 2:21. "advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea, yendo a habitar en una ciudad llamada Nazaret" --- san Mateo 2:22-23---. En todos estos detalles, María sencillamente se dejó guiar por José, que a su vez, recibió las manifestaciones divinas como cabeza de la Sagrada Familia. La vida de la Sagrada Familia en Nazaret fue la propia de una familia normal de vida sencilla.  Mientras José ganaba el sustento para la Sagrada Familia con su trabajo diario, María atendía las labores del hogar. Y "El Niño crecía y se fortalecía lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en El". San  Lucas 2:40

Maria en todo se preocupaba por su Hijo Jesús, según la ley de Éxodo 23:17, los hombres estaban obligados a visitar el templo en las tres festividades solemnes del año; "Sus padres (del Niño) iban cada año a Jerusalén en la fiesta de la Pascua". --- San Lucas 2:41 ---. Del mismo modo gran dolor y preocupación de María como madre, tuvo que sentir cuando su hijo es extravió, y gran gozo de madre al hallarlo luego sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles...Cuando sus padres le vieron, se maravillaron, y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos, san Lucas 2:40-48. Jesús respondió simplemente: --- ¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre?--- san Lucas 2:49--- los que estaban presente, maravillados por Jesús, no comprendían estas palabras, "Ellos no entendieron lo que les decía" san Lucas 2:50 ---luego Jesús entonces regresó con ellos, llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndoles. Su madre, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón. Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, ante Dios y ante los hombres. --- san Lucas 2, 48-52.  Así, María observaba la vida diaria de su divino Hijo, y crecía en su conocimiento y amor a través de la meditación sobre lo que veía y oía.

Maria no solo es buena madre, también es buena amiga y solidaria, "...hubo una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también Jesús con sus discípulos a la boda. No tenían vino, porque el vino de la boda se había acabado. En esto dijo la madre de Jesús a éste: No tienen vino. Jesús les respondió: Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti? No es aún llegada mi hora." María desea salvar a sus amigos de la vergüenza de no poder agasajar adecuadamente a sus invitados, y recurre a su divino Hijo. Ella simplemente expone su necesidad, sin añadir ninguna petición. María comprendió las palabras de su divino Hijo en su sentido correcto; ella avisó sencillamente a los camareros, "Haced lo que El os diga" (Juan 2:5).

María durante la vida apostólica de Nuestro Señor logró pasar casi completamente inadvertida. Al no ser llamada para ayudar directamente a su Hijo en su ministerio, no quiso interferir en su trabajo con una presencia inoportuna. Dado que la Pasión de Jesucristo tuvo lugar durante la semana pascual, se espera naturalmente encontrar a María en Jerusalén. La profecía de Simeón se cumplió en su plenitud principalmente durante los momentos de sufrimiento de Nuestro Señor. Según una tradición, su Bienaventurada Madre se encontró con Jesús cuando cargaba con la cruz camino del Gólgota, donde se dice que ella tiene un desmayo al ver a su Hijo sufriendo, sin embargo luego ella tiene un comportamiento heroico al pie de la cruz, a pesar de ello, debemos considerar su calidad de mujer y madre en su encuentro con su Hijo camino del Gólgota, mientras que es la Madre de Dios al pie de la cruz.

Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.--- San Juan 19, 25-27 ---

De este modo, vamos descubriendo como María, Madre de Dios, no deja en ningún momento de ser una mujer maravillosa en todos los aspectos, como Madre de Jesús recién nacido, madre del niño Jesús, del Joven Jesús y del hombre ya adulto. María es buena parienta con sus familiares, es buena esposa con José y leal a Dios, no hay faltas en ella, es humilde, sencilla y obediente, su lenguaje es dulce y amoroso, digna Madre de Dios y de todos nosotros.

"Y la Madre de Dios es mía, porque Jesús es mío" (S. Juan de la Cruz)


4º PARTE, EL CAMINO ESPIRITUAL DE MARÍA

Decimos que nuestra amada Virgen María, fue desde siempre señalada como la Madre de Dios, es decir predestinada a ser la  Madre del Divino Redentor. Ella rica en generosidad, llena  de humildad, colabora como esclava del Señor realizándose en ella la Encarnación del Verbo divino y concibe a Jesús, Hijo de Dios encarnado. Es así como de este modo, ella se transforma en nuestra Madre Espiritual.

María tiene una natural sensibilidad e inclinación hacia los sentimientos y los pensamientos que nacen en el alma y el corazón, en ella no tiene cabida lo material, es decir, en ella la espiritualidad es plena.

Una persona espiritual, hace su vida a partir de ese soplo que Dios le da a su alma, por tanto se comporta y se deja hacer por Dios. Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra, san Lucas 1, 26-38. María es una persona espiritual, ella vive conforme a Dios. El camino Espiritual de María se refleja en su vida diaria, es obediente al Señor,  sus actitudes son sencillas y humildes, su relación preocupada y amorosa con su Hijo Jesús. María nos enseña a vivir dentro de los valores morales que Jesús nos instruyo.

Una persona espiritual, sabe cuales pensamientos son buenos y cuales son malos, alguien espiritual, es paciente y bondadoso, en efecto, esas inclinaciones vienen del alma y de un corazón que ha hecho de morada a Dios. Las palabras de Maria, manifiestan que Dios habita en su corazón, pues lo glorifica, lo ensalza y lo alaba, como los hace en su bello cántico del Magníficat.

Las palabras del Magníficat son como el testamento espiritual de la Virgen Madre. (Catequesis de Juan Pablo II),  Ya desde los primeros siglos, san Ambrosio exhortaba a esto: «Que en cada uno el alma de María glorifique al Señor, que en cada uno el espíritu de María exulte a Dios» (san Ambrosio, Exp. Ev. Luc., II, 26).

El Magníficat nos muestra un cántico para alabar la admirable obra de la Encarnación, .es un cántico profético donde María nos manifiesta el jubilo que colma su corazón, porque Dios, su Salvador, puso los ojos en la humildad de su esclava.

Después que el ángel dejo a Maria en la Anunciación, fue a visitar a su prima Isabel. Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo. María dijo entonces:

El “Magníficat” --- Lc 1, 46-55 ---

Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de sus tronos, y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.

Este fragmento del evangelio, nos presenta el cántico de María, “El Magníficat”, responde a una explosión de júbilo en Dios, incubada desde que se había realizado en ella el misterio de la encarnación. “El himno de María no es ni una respuesta a Isabel ni propiamente una plegaria a Dios; es una elevación y un éxtasis” y una profecía.

María dijo entonces; “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador”, este canto es la una expresión elevadísima del alma de María, donde las lágrimas de alegría, gozo y esperanzas, se encierran en el Corazón de la Virgen María.

Podemos observar, en este cántico, la alabanza de María a Dios por la elección que hizo de ella, el reconocimiento de la providencia de Dios en el mundo y como con esta obra se cumplen las promesas hechas.

“Porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora”. La humildad de la Virgen María, es la causa de su grandeza, como ella, se humilla hasta en lo más ínfimo y Dios la eleva a lo más alto de la dignidad.

La alabanza que hace María a Dios por la elección que hizo en ella, engrandeciendo a Dios, ella esta profundamente agradecida, así es como le bendice y le celebra.

Este gozo de María es en Dios “mi Salvador.” Nunca como aquí cobra esta expresión el sentido mesiánico más profundo. Ese Dios Salvador es el Dios que ella lleva en su vientre, y que se llamará Jesús, Yehoshúa, es decir, Yahvé salva. Y ella se goza y alaba a Dios, su Salvador.

María atribuye esta obra a la pura bondad de Dios, que miró la “humanidad” de su “esclava.” Fue pura elección de Dios, que se fijó en una mujer de condición social desapercibida, aunque de la casa de David. Pero por esa mirada de elección de Dios, “desde ahora” es decir, en adelante, la van a llamar “bienaventurada todas las generaciones.”

“En adelante todas las generaciones me llamarán feliz”, por esa dignidad tan grande a la cual María fue elevada. Como vemos hoy, todas las generaciones cristianas de todos los siglos, han cantado las glorias de esta Virgen humilde y amorosa, que fue hecha la Madre de Dios.

Es la eterna bendición a la Madre del Mesías. Profecía cumplida ya por veinte siglos. Y todo es debido a eso: a que hizo en ella “maravillas”, cosas grandes — la maternidad mesiánica y divina en ella —, el único que puede hacerlas, Dios.

“Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas”. Esta obra sólo podía ser obra de la omnipotencia de Dios. Y “cuyo nombre es Santo.” Es, pues, obra de la santidad de Dios. ¡Su Nombre es santo!, Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. El pensamiento progresa, haciendo ver que todo este poder es ejercido por efecto de su misericordia. Esta es una de las “constantes” de Dios en el Antiguo Testamento. Ya al descubrir su nombre a Moisés se revela como el Misericordioso (Ex 34:6).

Y ninguna obra era de mayor misericordia que la obra de la redención. Pero se añade que esta obra de misericordia de Dios, que se extiende de generación en generación, es precisamente “sobre los que le temen.” Era el temor reverencial a Dios. Así, en el A.T., cuando el pueblo pecaba, Dios lo castigaba; pero, vuelto a él, Dios lo perdonaba.

“Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.”, Con esta metáfora, se expresa el poder de Dios, que aplasta a los soberbios y exalta a los humildes.

“Derribó a los poderosos de sus tronos, y elevó a los humildes.”, como enseñándonos a todos, que si queremos ser grande a los ojos de Dios y ser amados por El, debemos ser humildes ante los hombres, reconociendo nuestra pequeñez y miseria. Esta imagen celebra cómo Dios quita a los “poderosos” de sus tronos y “ensalza” a los que no son socialmente poderosos.

María: a una virgen, la hace madre milagrosamente; y a una “esclava,” madre del Mesías.

“Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.” Así María, se coloca en la línea de todos los que son pequeños y humildes, los hambrientos de Israel, los que están vacíos de si mismos, pero llenos de Dios.

“Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.”

A María la elige para enriquecerla “mesiánicamente.” Es lo mismo que canta luego: los bienes prometidos a Abraham, que eran las promesas mesiánicas. Al fin, todo el Antiguo Testamento giraba en torno a estas promesas. Con esta Obra cumple Dios las Promesas, hechas a los Padres.

Con este hermoso himno, María, alaba a Dios por la elección que hizo en ella, reconoce la Providencia de Dios en el gobierno del mundo y nos recuerda como Dios cumplió las promesas hechas a los Patriarcas.

Nada será mas agradable a Dios, que lo alabemos como lo hizo María, con las hermosas palabra que el Espíritu divino la inspiró.

Nosotros, debemos estar disponibles para dejarnos reformar de un modo total por el Espíritu  y, considerar como modelo a María en su compromiso con el Espíritu de Jesús y, de este modo revivir en nosotros mismos y a los demás a la vida nueva del amor.

El alma de María, se han identificado totalmente con la voluntad de Dios, de modo que todas sus operaciones, obras y ruegos, vienen de la proposición divina, San Juan de la Cruz, ha escrito: "Tales eran las de la gloriosísima Virgen nuestra Señora, la cual, estando desde el principio levantada a este alto estado, nunca tuvo en su alma impresa forma de alguna criatura, ni por ella se movió, sino siempre su moción fue por el Espíritu Santo" ( Subida III, 2,10). En esta afirmación se encuentra el principio de una acción constante y total del Espíritu en María, elevada desde el principio a este altísimo estado de comunión con Dios, en un dinamismo de creciente fidelidad y cooperación con las mociones del Espíritu Santo. 

Nuestra Madre Espiritual y su espiritualidad, son para nosotros sus hijos, modelo de contemplación y de intercesión, como del mismo modo ella es modelo de confianza, discreción y atención en las Bodas de Caná, la Virgen hace valer su poderosa intercesión ante su Hijo: "El que discretamente ama no cura de pedir lo que le falta y desea sino a representar su necesidad para que el Amado haga lo que fuere servido, como cuando la bendita Virgen dijo al amado Hijo en las bodas de Caná de Galilea, no pidiéndole derechamente el vino, sino diciéndole: "No tienen vino (Jn 2,3)" (san Juan de la Cruz, Cántico A y B 2,8).

La presencia espiritual de la Virgen María esta silenciosamente dentro de nosotros, atesorada en nuestro corazón, ella es nuestra mejor intercesora, la más perfecta mediadora, ella no ilumina el camino para llegar a Jesús, su hijo amado.

Oramos a María, porque al mismo tiempo es oración al Señor, para que del mismo modo como Dios Padre hizo grandezas y maravillas en Ella, orando a María y con María, le suplicamos que extienda a nosotros el mismo amor que concedió a la Virgen, y de esta forma atraer al Espíritu Santo a nuestro corazón.


5º PARTE (ÚLTIMA) LA LUZ DE MARÍA, EN EL CAMINO PARA LLEGAR A JESÚS

En el Prólogo de san Juan, 1, 1-18, El Verbo es la luz verdadera. Así como Dios es verdadero, Cristo es el pan verdadero, así el Verbo es llamado luz verdadera. Esta luz del Verbo ilumina a todo ser humano. Ella era la luz verdadera, la luz que ilumina a todo hombre. --- san Juan 1, 9 ---

Pero el mundo no conoció a esta Luz: a Dios Verbo. Los seres humanos debieron conocerlo. Los hombres, teniendo motivos para conocer y servir a Dios, no lo hicieron: el mundo no le conoció. Pero no sólo el mundo, sino que vino a los suyos. Vino la Luz a Israel con su Ley, con sus profetas, con sus enseñanzas; le anunciaron un Mesías., y fueron rebeldes — ¡tantas veces! — a esta Luz de Dios, del Verbo. Y vino el Verbo encarnado a ellos, a su pueblo, al pueblo que le esperaba, y cuando llegó a ellos., Israel no le conoció, no lo recibió., y ¡crucificó! al Mesías, a Jesús, Hijo de Dios, Hijo de la Virgen María.

Frente a este panorama de incredulidad, de paganismo y de un Israel, que no recibe la Luz del Verbo, trágica actitud del mundo frente a la Luz, nuestra buena Madre de Dios, hoy nos ha mostrado y nos muestra la ventaja incomparable que se sigue a los hombres y mujeres, es decir todos los seres humanos,  de dejarse iluminar por esta Luz de Dios.

A los que si creen, tienen un gran don: el poder ser hijos de Dios. Pero a todos los que lo recibieron les dio capacidad para ser hijos de Dios. Al creer en su Nombre (v. 12), El Gran Don de la Filiación Divina de los Hombres dado por el Verbo Encarnado.

Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús.  --- san Lucas, 1,31 --- La Virgen Maria ha dado luz a la Luz del Mundo, luz que se revelará a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel --- san Lucas 2,32 ---, ¡Feliz la que te dio a luz y te crió! --- san Lucas 11,27 ---, Feliz María, felices nosotros por nuestra Madre de Dios, que ha dado a luz a la Luz.

Jerusalén, acoge la Luz. Acoge a Aquel que es la Luz: «Dios de Dios, Luz de Luz (...) engendrado no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre» (Credo). Jerusalén, acoge esta Luz. Homilía de S.S. Juan Pablo II en la solemnidad de Epifanía

Ponemos hoy, en nuestra santa Madre de Dios, toda nuestra confianza en el futuro, en el camino que habremos de recorrer para ir al encuentro con el Señor, aún más le pedimos que nos acompañe, que nos ilumine en las sombra y haga brillar su resplandor para que no caigamos en la oscuridad y no equivoquemos de camino.

Tú (María) eres esplendor que no ensombrece la luz de Cristo, porque vives en Él y para Él. S.S. Juan Pablo II.

Le confiamos a la Virgen, nuestra vida como sus hijos, ella que crió con tanto amor a Jesús, le pedimos por aquellos niños que están por nacer, para que vean la luz y conozcan la Luz y por aquellos chicos que vinieron a la luz, se dejen guiar por la Luz, a los jóvenes para que maduren en la bajo la Luz de Cristo y al resto del mundo para que sepan que la verdadera esperanza es Cristo, la luz verdadera, la luz que ilumina a todo hombre --- san Juan 1, 9 –

La santísima Virgen María es cristalina porque es absolutamente transparente, es pura y limpia total, ella se deja traspasar por la Luz que es su Hijo. María, supo amorosamente acoger en su corazón a quien el mundo no supo reconocer. A través de Ella y por medio de Ella, vino la luz verdadera, la luz que ilumina a todo hombre. Seamos también nosotros transparentes como María, así, de este modo permitir que la palabra de vida, se acerque a través nuestro a todo el que la necesite.

Al mirar a María, al fijarnos en su corazón tierno de mujer y de Madre, podemos contemplar la Luz que el Padre ha querido entregarnos por gracia de su amor infinito. Al contemplar a María, descubrimos la presencia de esa luz silenciosa que lleva a revelar el sentido de las cosas y de la vida. La diáfana y traslúcida Virgen Madre de Dios, nos invita a dejar que la luz de Cristo traspase toda nuestra vida, todos nuestros espacios, para que no haya oscuridad ni tristeza en nosotros, pues somos hijos amados de Dios.

Pero para poder ir a la luz de Dios, debemos pasar por la cruz que nos lleva a Jesucristo, a su muerte y su resurrección, donde el final, es el triunfo de Dios, de la vida y de la Luz. Con gran esperanza y acompañados por María, Caminamos hacia la luz, hacia la vida, hacia Dios, Ella nos ayuda a mantener siempre encendida esta luz.

La vida cristiana es un camino dulcemente acompañado por María, somos peregrinos y ella, “brilla ante el pueblo de Dios peregrinante, como signo de esperanza segura y de consuelo” ---LG 68 ---

María no ilumina, con el resplandor que ella deja traspasar por la luz que su Hijo. Así de este modo, la Virgen María nos ilumina la vida, y nos ponemos en sus brazos bajo se manto de amor, hacemos nuestra vida diaria con ella en el corazón, en la esperanza de su amor y nuestro corazón late fuertemente motivado por el impulso de su  amor, confiados en que con su ayuda alcanzaremos la Luz definitiva.

María, nos hace la vida hermosa, por que desde ella resplandece esa Luz que irradia la fuerza que nos enseña a amar a nuestros hermanos y a buscar la rencociliación como buenos hijos del Dios de la vida.  Con ella, sentimos que es hermoso el don de la amistad, que con tanta preocupación nos en seña en las boda de Cana, donde ella no solo es buena madre, también es buena amiga y solidaria cuando trata de salvar a sus amigos de la vergüenza de no poder agasajar adecuadamente a sus invitados, y recurre a su divino Hijo.

María ilumina con su irradiación nuestros deseos profundos de ser como su hijo Jesús, solidario con los pobres, con natural inclinación de hacer el bien, motivados a ayudar y a cuidar a los enfermos, y a ser útil para servir a los demás.

Maria también nos ilumina  como sus  hijos, para constituir una familia feliz, para que los jóvenes sepan de la alegría de sus padres y entiendan la preocupación de ellos para que sean una familia unida y necesitada del amor mutuo. María nos enseño que siempre tiene siempre en su corazón a su Hijo y las cosas de su Hijo, cuando Jesús se perdió en el Templo, María le dijo: Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos. Para nosotros como padres, regresar al hogar y encontrarnos con los hijos, es una gran alegría, y damos gracia a María por su protección.

María, nos acerca como madre a su amado Hijo, nos consuela y nos renueva la esperanza, y con su luminosidad no invita a que abramos nuestro corazón para habite en el su Hijo Jesús. María nos llama para que nos alimentemos de Jesús en la eucaristía de cada domingo, para que así, con Jesús en nosotros, tengamos más comprensión de nuestros hermanos o de nuestros hijos, creciendo en amor con los demás. Con este llamamiento, nos sentimos los hijos amados de Dios, hermanos de Jesús, plenos de El en la comunión y le decimos en la Eucaristía, gracias por quedarte con nosotros hasta el fin de los tiempos y le decimos a María, gracias por acercarnos a tu Hijo.

María, esta con nosotros durante todo el día, con ella nos sentimos tranquilos como un niño que descansa en los brazos de su madre. Cuando estamos con pena y dolor, igual como ella, cuando estuvo frente a la cruz, nos sentimos consolados, por que Jesús nos la dejo como nuestra madre, Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre»..--- San Juan 19, 25-27 --- Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa y nosotros la traemos a la nuestra y nos llenamos de alegría. Decimos entonces, gracias Jesús, por dejarnos a María como nuestra Madre, con ella, no tenemos miedo, nos sentimos seguro y nos ayuda a buscarte, especialmente cuando tenemos peligro de caer o cuando caemos y buscamos ser perdonados por ti.

El amor de María, el mismo que ella tuvo por Jesús, nos reconforta, nos levanta con su radiación y no muestra en el camino que nos lleva al Señor. María nos invita permanentemente a mirar a Jesús, como ella lo miro en la cruz. Mirar a Jesús, amor encarnado, Hijo del Padre que nos ama sin condición. Ella nos muestra como mirar a Jesús crucificado, para amarlo, y también sufrir y saber perdonar, ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!

María nos enseña mirar a Jesús en Belén, desde ese instante aprendemos a amarlo  y, luego nos formamos como discípulos de su hijo amado. María fue fiel a su Hijo y lo siguió hasta la muerte en la cruz y con su fidelidad nos motiva para seguir a Jesús hasta la misma cruz. María nos enseña a ser obedientes con su Hijo, "Haced lo que El os diga" --- san Juan 2:5 ---. Maria nos muestra con su fidelidad al Padre y su solidaridad con su Hijo, un modelo de vida. Así es, como damos al Padre, Gracias por María, así como decimos al Hijo, gracias por darnos una madre fiel, amorosa. Gracias porque María nos ayuda sentirnos hijos amados del Padre, hermanos de Jesús. Gracias, porque su resplandor de buena mujer y buena madre, brilla ante todos sus hijos, alumbrándonos el camino para llegar a Jesús.

Con gran confianza, con mucha esperanza, acompañados por la Santísima Virgen María, caminamos hacia la luz, hacia la vida, hacia Dios. Maria Madre de Dios, nos ayuda a mantener siempre encendida esa luz que nos ilumina el camino para llegar a Jesús.



María, madre mía, eres dueña de mi corazón

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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